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INSTITUTO DE LOS ANDES

02 LA REVISTA

EL CUY

(Ceci Portella Morote)

Lima, (PRESSPERU).- Es una de las pocas especies que ha sellado con el nombre "Perú", la denominación de una de sus diferentes razas. Su origen proviene de los andes sudamericanos. Conejo de Indias o cobaya, no importa como se le llame, razones sobran para considerársele uno de los alimentos con mayor cantidad de proteínas y menos grasa que las carnes que comúnmente consumimos. He aquí nuestro cuy andino, crocante y nutritivo...

No resulta fácil escribir una crónica, si el tema de nuestro relato aún tiene detractores… Y me contaba entre ellos, amigos lectores. Sin embargo y tengan la seguridad que esto es solo una invitación al atrevimiento, a la osadía a la que somos llamados desde nuestra voz interior, que proviene más del sentido del gusto, que de la conciencia misma.

…Y viví muchos años engañada, probablemente por razones que poco o nada tienen de convincentes. De repente el contacto primero con su inusual presentación, la manera de prepararlo, o porque fue sacrificado varios meses después de lo ideal y su pellejo estaba tan duro que había que jalarlo a viva fuerza para poder degustarlo.  O quizás, su consumo estaba tan poco difundido que no había más de dos recetas en el haber gastronómico de la culinaria peruana.

Han pasado los años, y se han creado nuevas formas de servirlo. Ha tenido que traspasar fronteras y ser considerado un alimento exótico en mesas de Estados Unidos y de la lejana China, y ser considerado uno de los platos más nutritivos, además de altamente cotizados… para que recién me sienta motivada a probarlo. Y aquí estoy ahora. Invitándolo a formar parte de este  sinnúmero de comensales que se siguen sumando gracias a sus delicias.

AQUÍ Y EN EL MUNDO
Uno de los detalles que más llamó mi atención sobre el cuy, es saber que actualmente está en constante investigación debido a las propiedades que posee.

Por ello surge el término "conejillo de indias", como expresión que trata de explicar investigaciones y experimentación en general.  Y cuando hablamos de beneficios obtenidos a través de él, no nos referimos solo a su carne, sino que tratamos de explicar su nexo con la medicina tradicional andina, práctica que se remonta a épocas anteriores al Incanato y que tiene relación con la cosmovisión andina.

Es una especie propia de nuestras serranías.  También se le conoce en Bolivia, en el Norte de Chile, Ecuador, Colombia y Venezuela.  Se sabe que fue criado y consumido desde tiempos inmemoriales, y que además ha sido hallado dentro de los entierros de momias Preincas e Incas, en donde se ha evidenciado que su crianza y consumo fue muy importante para la población del Perú Antiguo.  Estudios afirman que en el primer periodo de la Cultura Paracas, se encontraron pellejos y huesillos de cuy en tumbas humanas.

Se dice también que fue criado como mascota en algunas de nuestras tribus aborígenes.  Mitos y creencias… pero, también hay historia alrededor de este pequeño mamífero, como por ejemplo que fue llevado a Europa por los conquistadores.

Aquí, en nuestro Perú del siglo XXI, básicamente en nuestra serranía, siguen criándolos como en casa, con alfalfa, bagazo de chicha de jora, cáscaras limpias de zanahoria y papa, así como con pancas de choclo.  Mientras que, en Lima, hace ya varias décadas, se ha industrializado su alimentación y se le sustenta con comida balanceada.

RAZONES SUFICIENTES...
Entre las múltiples ventajas que podríamos mencionar sobre el cuy, es que su hábitat se puede desarrollar en lugares pequeños, por lo tanto, en casa siempre son bien recibidos.  En la sierra, su crianza es básicamente para el consumo familiar, y son parte de las tradiciones al formar también parte del trueque entre comunidades.

El cuy Perú, por sus características, tiene algo más de 20 por ciento de proteínas, contra 7% de grasa, reduciendo sus calorías en  comparación con el pollo o la carne de res.  La Universidad Nacional Agraria de La Molina, tiene importantes estudios sobre este tema y otros mas relacionados con el cuy, curi, cobaya, cuis o conejillo de india, como se le llama en parte de nuestra América del Sur.

Concentrándonos ahora en las razones de otro tipo, las que nos convencen y convocan: Hasta hace algunos años -décadas ya de esto- solo conocíamos en las cartas de algunos restaurantes regionales en Lima, además de los populares carteles enclavados en la carretera central de nuestra capital, un par de platos hechos a base de cuy: Picante de cuy y el Cuy chactado.

A ellos, se suman ahora, otros platos como el cuy relleno, a las brasas, chicharrón de cuy.  Así como, sopa de cuy, llamado en Ancash Aka cashqui, y hasta la versión china de la gallina chijaukay, llamado "chijaucuy".  Estos platos no solo han engrosado la lista culinaria de nuestro país, sino que están ahora invadiendo mesas más allá del Perú, con sonado éxito, pese a algunos prejuicios todavía existentes.

HABLAN LAS QUE SABEN
Para poder complementar esta crónica, quisimos hacer una entrevista que diera algunas luces más allá de lo histórico, y fuimos en busca de algún entendido, y a nuestro encuentro – y gracias a la Providencia- salieron tres o cuatro expertas, que entre cafés, entremeses y un delicioso picante de cuy,  terminaron de ilustrar mis incipientes conocimientos sobre el tema.

Todas ancashinas hablando de sus experiencias, reconocen que hay platos diversos, algunos con maní, otros con ají panca, muchos más escasos con ají amarillo, rellenos con hierbas y menudencias.  Fritos, con papas doradas y salsa criolla. Todos deliciosos, algunos ancashinos, pero también moqueguanos, cusqueños, arequipeños y huancaínos.

Amigas recientes, pero de jornadas intensas, mujeres que han vivido más de la mitad de sus vidas en provincias añoradas del departamento de Ancash. En este grupo, la que no es ancashina de nacimiento, lo es por adopción… Y sin mucho dudarlo, Domitila de Trujillo empieza diciendo que pagó 60 dólares por un plato de cuy en Atlanta, hace solo unos días… "Lejos del Perú, es un plato exótico y muy caro. Aquí, ni caso le hacemos", retruca con comprensible molestia.

También en la mesa una distinguida huaracina, muy querida ella, Pochita Aservi, me asegura que el cuy es un animalito muy limpio y delicado.  Si tuviera que darle una explicación a la textura de su carne, esta sería su mejor justificación: "De carne suave y delicada,  producto de la crianza que recibe".  Y entre risas nos cuenta que en las fiestas patronales se acostumbra a servir cuy y resulta más que suficiente para tener contentos no solo a los invitados sino también a los músicos, que suelen "servirse doble ración".

Meche Montoro, de la provincia de Carhuaz, se deleita hablando sobre las diversas formas de preparación… Y mientras lo hace, aumenta mis deseos de probarlo, me cuenta que se doran a las brasas, dejando un crujiente y dorado pellejo a la vista del primero que se anime a servirse, aunque al final todos reciban su dosis justa y su respectiva repetición.  Es que eso se acostumbra en nuestros pueblos, que nadie se quede insatisfecho en las fiestas patronales.

Finalmente, Doris León, propietaria de El Tarwi, un reconocido restaurante regional, pone la cuota técnica en la información y ante nuestras interrogantes, responde que los cuyes más deliciosos para servir todos los platos mencionados son los Cuyes Perú, raza adoptada y mejorada en nuestro suelo.

Dice que el peso ideal de sacrificio es entre 500 y 600 gramos, que alcanzan los cuyes jóvenes de cuatro meses de edad… Sigue la tertulia y las dejo pensando en que aún hay mucho por investigar y difundir… que los cuyes son solo una de las pequeñas muestras de nuestra gran biodiversidad, que dejando atrás prejuicios vanos y desconocimiento, hay que atreverse.  Los peruanos debemos ser artífices de la expansión y difusión de nuestra gastronomía, rica en sabor, importante en nutrición y sobretodo única y diferente por su historia.

CATAL HOYUK

CATAL HOYUK

Una importante cultura neolítica

 

Por: Jaime Ariansen Céspedes – Instituto de los Andes

Serie: Grandes Civilizaciones

 

Los hombres primitivos comenzaron la domesticación de plantas y animales hace unos 12,000 años, luego fueron apareciendo naturalmente asentamientos en el Medio Oriente y desde ahí se fueron extendiendo hacia Europa, Asia y África.

La mayoría estaba compuesta de un pequeño grupo de casas separadas y rodeadas de su respectivo campo de cultivo y establos rudimentarios para sus animales. La población no superaba a unos cientos de habitantes. El típico ejemplo es la famosa y amurallada Jericó en Palestina. Pero el primer asentamiento de grandes dimensiones fue el de Catal Hoyuk.

Catal Hoyuk esta situada en la llanura de Konya, en la provincia de Anatolia, a orillas del río Carsamba en Turquía, cerca al lago Beysehir y la ciudad de Cumra. Es uno de los más importantes asentamientos, ciudades-estado de la prehistoria.

El neolítico es el periodo del trabajo con piedra pulimentada que acompaña al inicio y el desarrollo de la agricultura, de la ganadería y los albores de la alfarería.

Se trata de un gran complejo que puede superar las 20 hectáreas, y estas dimensiones la convierten en una de las zonas neolíticas más extensas del Cercano Oriente.

Los habitantes de Catal Hoyuk mantuvieron un fluido comercio con las poblaciones vecinas y al parecer con lugares distantes. La arqueología indica el comercio de alimentos, pieles, textiles, diversos utensilios de piedra, adornos de perlas, conchas y obsidianas, cuchillos de sílex, etc.

Se calcula actualmente que esta cultura existió hace unos 8 o 9 mil años, su desarrollo incentivó la existencia de pequeños asentamientos satélites. La teoría nos indica que en estas fechas la organización humana era igualitaria, pero a las luces de lo observado en Catal Hoyuk, se encuentran sepulturas ricas y pobres que contradicen estos planteamientos iniciales.

Respecto al urbanismo de esta ciudad, es primitivo, complejo, sin calles ni pasajes y el acceso a las viviendas de adobe sé hacia por los techos, construidos con vigas de madera y arcilla aprisionada. En la habitación principal existían una especie de muebles, plataformas, bancos, cubos para agua y una hoguera. Las paredes estaban cubiertas por una especie de pintura de yeso y en algunos sitios cubiertas con esteras. Utilizaban para movilizarse escaleras que iban de un nivel a otro formando una sólida edificación en forma de montículo, se calcula que llego a tener una población de más de 5,000 personas.

La urgencia y necesidad de organización impulsaron a localizar lugares y espacios, seguramente propiedades, creando los primeros mapas en piedra, antes de la escritura. Existe un valiosísimo ejemplo, muy bien conservado del plano de la ciudad.

Sobre sus creencias religiosas se han encontrado restos de pequeños templos con expresiones naturistas de caza y danzas rituales, también imágenes de mujeres dando a luz como un supremo homenaje a la vida, como Diosa Madre.

En zonas interiores, existían plataformas, donde se situaban algunos entierros de los difuntos, al parecer realizaban ritos secundarios, en el tiempo, utilizando los cráneos y pintándolos de varios colores de tonos rojizos, siendo los ajuares funerarios sencillos, limitándose a las armas del difunto y adornos como brazaletes y utensilios de cerámica de su propio uso.

El estudio de los restos óseos revela que la esperanza de vida era de algo más de 34 años para los hombres y aproximadamente 30 para las mujeres, y que muchos sufrían de anemia perniciosa provocada por la malaria.

La representación escultórica de varias cabezas de toro, explican la importancia ritual que le daban a dicho animal. El trabajo con cobre, es él más elaborado de la época, en la región.

Tienen el privilegio de haber registrado la primera tela de la historia de la arqueología, el primer tazón elaborado en madera, el primer espejo y las primitivas técnicas de agricultura y regadío. La cerámica estaba aún poco desarrollada y la producción de la ciudad se limitaba a vasijas simples, sin decoración alguna.

Respecto a su producción de alimentos se tienen evidencias del cultivo de trigo, sorgo, alverjas, lentejas, manzanas, almendras y respecto a su alimentación de caza obtenían ciervos, jabalís y onagros, que son una especie de asnos salvajes. La ganadería principal es de vacas, buyes, ovejas y cabras. Para la vestimenta elaborada el lino era el principal material utilizado.

Cocinaban en hornos de arcilla ovalados, situados en el piso y que tenían un sistema de limpieza. Utilizaban cestas tejidas con fibras de juncos para el almacenamiento de alimentos.

La principal fuente de riqueza de Catal Hoyuk se debe probablemente al comercio de obsidiana, un cristal natural que permite construir herramientas de piedra extremadamente afiladas. Durante el neolítico, existió un amplio comercio de este mineral; la obsidiana turca,  era llevada hasta Palestina.

Ya tienen el concepto de una organización militar, están armados para la guerra, posen recintos fortificados y varios sistemas defensivos.

Referente a su estructura política - social, existen caudillos, militares y civiles, sacerdotes, artesanos y esclavos, sin lugar a dudas este ejemplo es un sólido peldaño en la evolución del hombre  en sociedad.

La existencia de esta cultura, en desarrollo, termina abruptamente, alrededor de hace unos 6 mil años, al parecer por un gran incendio, que cubrió rápidamente toda la ciudad, pues recordemos estaba íntimamente ligada. El calor del fuego cocino y cristalizo el adobe, permitiendo conservar parte de las ruinas en muy buen estado..

Los principales arqueólogos a los que debemos los descubrimientos al mundo de esta cultura son Ian Hodder y James Mellaart, con el auspicio de la Universidad de Cambridge, quienes en 1961 trabajaron en Catal Hoyuk durante dos años, empleando las más avanzadas técnicas de la instrumentación. En el esfuerzo y financiamiento también contribuyeron la academia británica de arqueología y el Instituto McDonald.

Otro importante trabajo de análisis lo realizo la Universidad alemana de Karlsruhe, especialmente en el campo del arte, lograran crear con la ayuda de computadoras un estupendo medio grafico interactivo que señala limpiamente las etapas secuenciales de Catal Hoyuk.

Un proyecto de análisis y desarrollo arqueológico, es calculado en 25 años. El Aeropuerto más cercano es Konya. Existen vuelos regulares desde Estambul. Ankara y Natalia. Las ruinas se encuentran a cuatro horas de autobús, que salen cada hora de Konya hacia Cumra, de ahí existe un servicio de taxi hasta el yacimiento situado a unos 17 kilómetros.

UN FUTURO DE HACE 100 AÑOS

artelista.com - Probablemente Marinetti no estaría muy contento de conocer que, un siglo después, el movimiento surgido a partir de su famoso ideario "contrasistema" terminaría engrasando la rueda del establishment artístico. Pero es que el Futurismo, a pesar de sus críticas a museos, conservadurismos y tradición, tuvo "la mala suerte" de generar en primer lugar buenos artistas y, en segundo, la aceptación pública. Así las cosas, esta semana celebramos en buena parte de Europa que, un 20 de febrero de hace 100 años, Filippo Tommaso Marinetti publicara su "Manifiesto futurista", sentando las bases de un movimiento anárquico, veloz y, sobre todo, tremendamente moderno.

 

Un manifiesto visionario

El Futurismo fue concebido como una reacción al pasado -anquilosado y constrictivo- y, su arte, como una manifestación para y del futuro. Sus miembros, encabezados por Marinetti y entre los que se contarán posteriormente artistas como Giacomo Balla, Umberto Boccioni o Carlo Carrà (por citar a los más famosos), encabezarán una lucha en favor de la subversión estética, preconizando la superioridad y el advenimiento inevitable de un mundo dominado  -sin ningún sentido peyorativo- por las máquinas, la velocidad, la violencia y la revolución de las formas. El Futurismo loará en su manifiesto de 1909 "al coraje, la audacia y la rebeldía", "a la belleza de la velocidad" y "al hombre que tiene el volante", sentando la polémica con sus declaraciones partidarias de la guerra (pronto sus postulados serán estandartes del fascismo) y la destrucción de los centros institucionales de cultura (como museos y bibliotecas), así como mediante la muestra de una enconada oposición a los representantes de dichos centros y a las mujeres. Sin embargo, acertó con algunas de sus principales claves, como fueron la visión de un mundo mecanizado, saturado de impresiones y movimiento, de una agresividad pareja, cuya posible representación estaría necesitada del desarrollo de nuevas formas plásticas.

 

Velocidad y máquinas de vapor

El Futurismo, junto con el Cubismo, fue la puerta de entrada de los grandes istmos de la llamada vanguardia histórica, aún a pesar de que su duración en el tiempo fue corta. Su lenguaje formal comparte con el ya citado cubismo la superposición y alternancia de planos, no sólo espaciales, a diferencia de éste, sino también temporales. A principios del s.XX los nuevos medios de locomoción habrán de modificar por fuerza las tradicionales formas de percepción, imprimiendo un dinamismo desconocido hasta el momento a la realidad visionada; de este modo, la proximidad entre ambos conceptos, espacio y tiempo, se reducirá. La exaltación del movimiento, del trabajo y de la urbe son temas recurrentes en las obras futuristas, caóticas en color y saturadas de líneas compositivas, anárquicas abanderadas de una ideología dispuesta a cambiar el mundo y que, algo más tarde, dará la réplica a movimientos como el Orfismo y el Constructivismo ruso. 

No te pierdas...

Para conmemorar el centenario del movimiento son varias las exposiciones que se han organizado tanto en el país mater del movimiento, Italia, como en diversos países europeos. Así que si estás durante las próximas semanas en alguno de ellos te aconsejamos que te acerques a ver cualquiera de las muestras organizadas para la ocasión: Milán ha inaugurado el año del futurismo en la ciudad con la exposición "Futurismo 1909-2009. Velocidad+Arte+Acción", Rovereto presenta en su Museo de Arte Moderno y Contemporáneo "Futurismo 100: Illuminations. Avant-gardes compared. Italy, Germany, Russia", en Roma podrá verse "“El futurismo en París - una vanguardia explosiva”, una exposición que ha podido verse en el Pompidou francés y que más tarde itinerará por diferentes puntos de Europa (como Londres), y la tercera edición de Performa (Nueva York) rendirá un homenaje al Manifiesto futurista de Marinetti en el mes de noviembre.

EL DULCE DEL CRISTO MORENO

Por: Jaime Ariansen Céspedes

 

El 16 de Marzo de 1650 y después de caminar por tres días consecutivos Martín Tamanango, esclavo liberto de la hacienda Santa Brígida de Cañete, apartó de su cara el velo de arena que la cubría. Tenía el propósito de ensayar una sonrisa al divisar la capital que se delineaba en el horizonte. Sin lugar a dudas era una esplendorosa y florida ciudad, ya tenía cuarenta mil habitantes y era la más cosmopolita del nuevo mundo. Martín quería visitar a su tía Tomasa y su familia que vivían en el humilde barrio de Pachacamilla, a las afueras de Lima.

No sabía de ellos desde hacia diez años y dudaba si lo iban a reconocer. Durante todo el trayecto trató de recordar a sus primos que conocía y adivinar a los otros. El encuentro fue sorpresivo y frío, la pobreza y las penurias de los africanos no permitía que se dieran lujos, especialmente para exteriorizar sus emociones.

Una cálida excepción fue la atención que le brindó su linda primita Olga, alta, muy alta, espigada y con un tumbao cimbreante que hacía volver la mirada a propios y extraños cuando caminaba con un cántaro en la cabeza realizando su periplo diario para recoger agua en los pilones de la Plaza Mayor.

La afinidad entre ambos jóvenes fue inmediata, se comprendieron, se gustaron, se respetaron y pudieron establecer una fluida y cordial comunicación. Los temas principales de sus largas conversaciones fueron el destino, la fe y las penurias que significaba la esclavitud, la pobreza y la ignorancia de los negros. Los aspectos que no conocían por su poca educación lo suplían con creces con talento e intuición.

Ellos sentían que en algún sitio existía la felicidad y por supuesto soñaban con el paraíso perdido, coincidían en que la fe era el único camino viable para poder soportar la cadena infinita de privaciones de los negros, en esa época del muy noble Virrey don García de Sarmiento, Conde de Salvatierra. 

Martín supo de inmediato qué hacer: la Cofradía de los Angoleños era la única que no tenía en Lima la imagen de un patrono que presidiera sus reuniones de oración y culto. El tenía el talento en sus manos y la pasión en su corazón para satisfacer ese anhelo y en el término de la distancia y el tiempo estuvo con el pincel en la mano frente a una blanca pared en medio del pequeño y modesto barrio de Pachacamilla.

Al comienzo fueron cuatro horas, después ocho y luego desde las primeras luces del día hasta la oscuridad de la noche. Martín estuvo absorto durante seis meses, aferrado a los pinceles y mientras brotaba de su imaginación la fe a borbotones, se iba plasmando una imagen doliente del Cristo Crucificado.

Mientras trabajaba Martín, nadie hablaba a su alrededor, en un pacto absoluto de respeto y fe. Los angoleños lo miraban a distancia y ponían flores a los pies de la imagen, mientras una claridad permanente en el lugar hacía que cada día los colores luzcan más brillantes y expresivos; de vez en cuando sus vecinos congos, mozambiques, terranovos, mandingas y carabalíes curioseaban por la obra, que en plena ejecución ya causaba admiración.

Cuando Martín asumió que la imagen estaba terminada, la tarde del 3 de Octubre de 1651, llevó a Olga hacia el modesto altar que había construido a los pies y poniéndole una guirnalda de flores en la cabeza le propuso matrimonio.

Al fondo de la escena, un juglar amigo acompañado de una guitarra, entonaba cadenciosamente, muy despacio la siguiente melodía...

Búscame entre la hierbabuena

y te daré mi piel morena

beberás el agua de la miel

sólo si tus ojos me quieren ver

piérdete entre mis brazos

y llegarás al fondo de mi ser

bajaremos al centro de los mares

donde hay un mundo de corales

y nada que nos pueda separar...

 

“¡Qué romántico mamita, que bonito cantas!... y... ¿qué paso después con Olga y Martín?”. “Deja que te siga contando esta historia de fe y amor, mi niña, mi pequeña cucurumbé...”, y prosigue la dulce señora con su relato mientras amasaba con un singular compás, harina en flor, leche, manteca, azúcar y las yemas de un fino turrón, que le había visto hacer ritualmente a su madre y ella a la suya y así siempre desde el inicio, mientras que en un chombo cercano hervía jugo de caña junto con canela, anís, higos y membrillos inundando el recinto de un incomparable aroma de dulce criollismo.

Y prosigue contando... El 13 de Noviembre de 1655, justo en tiempo de la siesta, se produjo el más espantoso terremoto que te puedas imaginar, no quedó entero nada, se derrumbaron y dañaron casi todas las construcciones de Lima, dejando miles de muertos. Todas las casas de la cofradía de Pachacamilla se vinieron abajo, y milagrosamente el muro de adobe en el cual se encontraba pintada la imagen de Jesús quedó intacto, brillante sin ningún resquebrajamiento.

Un piadoso personaje llamado Antonio León quedó conmovido ante los esfuerzos de Martín y Olga, que con sus propias manos trataban de limpiar los escombros del lugar y los ayudó con recursos, mandando construir un cobertizo para proteger la pintura y una especie de altar donde las personas caritativas pudieran depositar ofrendas y velas.

Poco a poco muchos pobres de Lima expresaron su fervor ante la maravillosa imagen del Cristo Moreno... “la fe mi querida niña, hace realmente milagros...”, y estos se fueron multiplicando junto con la devoción al culto de Pachacamilla. Pronto, los viernes en la noche, además de rezos y cánticos, se entonaba ante la imagen el salmo Miserere, varios músicos acompañaban la interpretación con guitarras y cajones, después sazonaban la reunión con bailes de origen negro festejando al Nazareno.

Pronto llegó a ser una verdadera verbena la que se organizaba todos los fines de semana para homenajear al Cristo Crucificado. Pero este “despropósito” no podía seguir así, según palabras del párroco de la cercana Iglesia de San Marcelo, José Laureano de Mena, quien solicitó a las autoridades civiles y religiosas que le ayuden a parar esa idolatría y la única manera de hacerlo era borrando la imagen de la pared, de la mente y de los corazones de esos “negros adefesieros”.

El pedido fue atendido por el nuevo virrey Conde de Lemos y por el Provisor y Vicario General, Esteban de Ibarra. El 3 de septiembre de 1671 ordenaron un auto para que el cura Mena, el fiscal José de Lara y Galán y el notario Juan de Uria fueran al lugar y con ayuda de albañiles y protegidos por soldados, con combo y pintura, terminaran con esa idolatría.

La comitiva se hizo presente en medio de los cientos de fieles, que como de costumbre rendían su alegre homenaje semanal al cristo moreno. Primero habló el sacristán mayor José de Robledillo quien increpa a los asistentes por la “indecencia” con que se procede en este lugar.

Luego el capitán encargado de cumplir con lo dispuesto ordenó destruir la imagen... pero el primer operario, al estar frente a la imagen quedó subyugado por la fuerza de la fe y la emoción de estar tan cerca de la singular figura del Santo Señor y paralizado no pudo cumplir con su tarea, lo mismo sucedió con el segundo y el tercero que subieron a la pequeña escalera con la consigna de dañar la sagrada imagen. Justo en ese momento de estupor y confusión general... comenzaron a sonar truenos como trompetas celestiales, mientras que una tupida lluvia cubría todo con un fino y frío manto gris de reproche, una tormenta es realmente algo inusual en Lima. 

La interpretación inmediata y general fue que el cielo estaba llorando de pena por la ofensa hacia el Cristo Moreno. Todos los que se encontraban en el lugar lo comprendieron así y sin ninguna consigna ni mediar palabra alguna, uno a uno se fueron arrodillando y comenzaron a rezar, primero como un murmullo, luego como un sublime grito de fe, de amor hacia el Cristo de Pachacamilla...

Padre nuestro que estás en los cielos... Santificado sea tu nombre...

Años después, el muy especial 1687 fue realmente telúrico. Lima fue sacudida por fuertes sismos, el primero el 13 de Enero, luego otro el 9 de Abril y el más violento fue el ocurrido el 20 de Octubre. La magnitud de la destrucción fue enorme, incluyendo los portales de la Plaza Mayor, las Iglesias de Santo Domingo y San Agustín, y por supuesto miles de casas. Los angustiados limeños volvieron su fe hacia la milagrosa imagen del Señor de los Temblores y por iniciativa del piadoso Sebastián de Antuñano se organizó una procesión del lienzo que había pintado Martín como una réplica del mural de Pachacamilla. Ya era hora que se pusieran las cosas en su sitio, la ciudad entera debería estar bajo su protección y nada malo le volvería a pasar, había que pasear al buen señor por calles y plazas, señalando claramente su presencia y listo, ¡Pobres las fuerzas del mal que se atrevieran a enfrentarse al más poderoso y bueno de todos los Cristos, el de los negros!

El mismo 20 de Octubre, la sagrada imagen, sobre unas improvisadas y rústicas andas de madera de naranjo, recorrió las maltrechas calles de Lima seguida por cientos fieles, un poco de incienso y mucha fe. A partir de esa fecha y hasta nuestros días, todos los 20 de Octubre de cada año se realiza la más grande y piadosa procesión de esta parte del mundo.

“Y como es costumbre, cuando regresemos de la procesión, mi querida niña, estará esperándonos el delicioso turrón de Doña Pepa, que disfrutaremos en familia”.

La tradición de este dulce limeño comienza con la llegada a Lima, para asistir a la procesión, de una fina dama morena, una verdadera flor de la canela, llamada Josefa Marmanillo, esclava en el valle de Cañete. Doña "Pepa" venía a visitar al Señor de los Milagros, tenía que agradecerle, porque le había curado su cuerpo y su alma, por lo tanto era una cuestión de honor y eso sí es sagrado entre los negros.

Durante el viaje estuvo ensayando su discurso, pero todo intento de hilvanar ideas fracasaba, el mensaje le parecía pobre, insulso, ella realmente nunca había podido expresar bien sus sentimientos, ¡Qué diría el señor de esa negra malagradecida!

Cuando llegó a las cercanías del barrio de Pachacamilla, de donde saldría la imagen, se encontró con un multicolor barullo y un enjambre de personajes que la dejaron estupefacta. La recibió el distraído murmullo de las cuadrillas de cargadores con sus hábitos morados. Luego llamó su atención unas coloridas mixtureras llevando sobre sus cabezas grandes azafates de flores y primorosas frutas de mazapán, membrillos acaramelados y pastillas de canela y azúcar, más allá estaban las sahumadoras, con sus ostentosos pebeteros de plata labrada, eran lindas negritas, muy jóvenes, peinadas con diminutas trenzas, representando a sus “amitas”, que competían al presentar los exóticos inciensos que inundaban el lugar de un misterioso aroma de plegaria.

Muy cerca de las andas del Cristo Moreno un grupo de señoras que formaban el coro, cantaban un sentido himno... Señor de los Milagros... a ti venimos a honrarte, tus fieles que te amamos, venimos a implorar tu bendición... mientras que una gran banda de músicos uniformados las acompañaba.

También eran protagonistas de esta fiesta los veleros, que ofrecían a viva voz unos pequeños candiles, primorosamente adornados, ¡Claro, el Señor tenía que estar bien iluminado!  A su costado, los faroleros portaban grandes luminarias para asegurase que en las cercanías del anda brillara siempre la luz de la fe. Ocupaban un sitio especial los penitentes, que se imponían discretamente la tarea de pedir limosna en plena procesión para mantener el culto, pero lo que más llamó la atención de la atónita Josefa fueron las vivanderas, que durante todo el recorrido de la procesión y en las calles aledañas ofrecían con alegres gritos, olluquito, cau cau, causa, escabeche, cebiche, choclos, butifarras, anticuchos, choncholíes, picarones con miel, mazamorra morada, emoliente...

Josefa, absorta, deslumbrada, se vio envuelta en ese torbellino de sensaciones, aromas y sabores y una explosión de fe en su interior le indicó claramente cómo tenía que agradecer al Señor. Quién, sino ella, sabía hacer el más delicioso de todos los turrones, el más criollo de todos los dulces, sin lugar a dudas era el suyo, era su turrón.

En la próxima salida del Señor, Josefa ya estaba apostada en una esquina con una tabla especialmente acondicionada y a su paso alzó el turrón con sus dos manos y se lo ofreció al Señor, con fe, con amor, con agradecimiento, multicolor, suave, criollo. Cuando regresó a Cañete, Josefa contaba que el Cristo había vuelto la cabeza y con una gran sonrisa le había agradecido y bendecido el presente.

Josefa se propuso venir todos los años a ofrecer su dulce en la Fiesta del Señor de los Milagros, luego fue su hija y la hija de ésta y así sucesivamente, hasta nuestros días, en que el Turrón de Doña Pepa, preside, desde hace trescientos años, las expresiones gastronómicas de la muy devota Procesión del Señor de Los Milagros.

LO QUE DARWIN NUNCA DIJO...

JAVIER YANES - MADRID - PÚBLICO.ES

A Charles Darwin, que hoy habría cumplido 200 años, se le ha acusado de inspirar la eugenesia y el genocidio nazi, y tanto el capitalismo como el marxismo lo han reivindicado para sí tirando de diferentes hilos, ya sea el de la competición por la supervivencia o el del materialismo ateo. Pocas figuras se han manipulado tanto como la de este científico, y pocas doctrinas se han deformado tanto por ignorancia o con la intención de servir a intereses ajenos a la ciencia. Lo que sigue es un repaso de algunos de los errores, falacias e imprecisiones más frecuentes sobre la vida y la obra del naturalista inglés que inauguró la biología evolutiva.

1. El hombre desciende del mono

Este mantra, repetido hasta la saciedad, no forma parte del darwinismo. En su obra de referencia, El origen de las especies, Darwin no abordó el linaje humano, pero "al día siguiente de publicarlo, la gente ya decía que el hombre viene del mono", afirma el codirector de Atapuerca, Juan Luis Arsuaga. Los detractores de Darwin lo ridiculizaron en caricaturas que mostraban al eminente científico convertido en un simio peludo. Posteriormente, en El origen del hombre, Darwin planteó la hipótesis de que humanos y simios descienden de progenitores comunes, no unos de otros. En realidad, la idea no era novedosa para la ciencia de mediados del XIX, sino que aparecía sugerida en trabajos de otros científicos, como Thomas Henry Huxley.

2. La evolución es una escalera que conduce al ser humano

El del hombre y el mono es un caso particular de un error más general, entender la evolución como una carrera de relevos en la que una especie cede el testigo a otra. A esta confusión contribuye un recurso gráfico mil veces utilizado: un simio caminando tras una fila de antropoides con rasgos cada vez más humanos hasta llegar al hombre. Pero ni el ser humano desciende del mono, ni ninguna especie viva se ha detenido a medio camino de la evolución para dar el relevo a otra. Suele equiparse lo más evolucionado a lo mejor, como en las generaciones sucesivas de teléfonos o de coches. Pero un chimpancé no es menos evolucionado que un humano. De hecho, genéticamente se podría considerar más evolucionado; un estudio elaborado por científicos de la Universidad de Michigan (EEUU) y publicado en PNAS en 2007 descubría que el genoma del chimpancé acumula un 51% más de genes modificados por selección natural que el del Homo sapiens. Para el primatólogo Josep Call, la humana es solo "una especie más".

3. Los organismos evolucionan para adaptarse al medio

En la ciencia-ficción de serie B es un recurso habitual que monstruosos seres evolucionen para aumentar su poder mortífero frente a los sufridos protagonistas humanos. Esta acepción de evolución respeta el diccionario, pero no el concepto científico de evolución biológica: no evolucionan los organismos, sino las especies o los linajes. Esta idea entronca con otra noción errónea; ni el monstruo ni su linaje podía evolucionar con un fin concreto. Entre los protoevolucionistas anteriores a Darwin, el francés Jean Baptiste Lamarck propuso que los organismos se adaptaban al medio y legaban esas adaptaciones a su progenie; por ejemplo, la jirafa estiró el cuello para comer y produjo crías con cuellos más largos. El modelo de Darwin reveló que es el medio el que selecciona a los mejor adaptados a la supervivencia y reproducción. Sin embargo, hoy el lamarckismo sigue infiltrando cierta interpretación popular de la evolución.

4. El darwinismo es un dogma

Ni siquiera Darwin se liberó por completo del lamarckismo. Al desconocer la genética y los mecanismos de mutación y herencia, Darwin no sabía cómo se producen las variaciones sobre las que actúa la selección natural, lo que le hizo proponer un rocambolesco mecanismo de herencia para las modificaciones que el organismo adquiría a lo largo de su vida: si un individuo fortalecía un músculo, sus células liberaban unas gémulas que llevaban esta información al esperma o al óvulo para que la progenie naciese con el músculo más desarrollado. Cuando más tarde se divulgaron las leyes de la herencia formuladas en la misma época por el monje checo Gregor Mendel, muchos científicos las rechazaron por considerarlas contrarias al darwinismo: frente a la variación azarosa y continua de Darwin, Mendel planteaba una herencia matemáticamente predecible y estática. No fue hasta la década de 1930 que genética y evolución confluyeron en la llamada teoría sintética.

5. Darwin explicó el origen de la vida

Ni Darwin ni la moderna biología han logrado aún explicar cómo surgió la vida a partir de las moléculas biológicas primitivas. Darwin tampoco pretendió revelar el origen de la vida, sino solo su evolución una vez que existieron los primeros seres. En su autobiografía escribió que en la época de El origen de las especies aún era teísta, creyente en un dios como primer motor que había intervenido para prender esta primera chispa de vida y desencadenar un mecanismo evolutivo autoalimentado mediante leyes naturales.

6. Darwin inventó los conceptos de evolución y de supervivencia del más apto

Las ideas de antepasados comunes y de transmutación de unas especies en otras aparecen ya en los escritos de Anaximandro, filósofo griego del siglo VI a.C., así como de otros pensadores en Occidente y Oriente. Algunos de estos autores se basaban en la observación de los fósiles. Incluso una noción primitiva de selección natural aparece ya en la Grecia clásica. Pero la expresión "supervivencia del más apto" no fue acuñada por Darwin, sino que la adoptó en ediciones posteriores de El origen tras haberla leído en los Principios de Biología del filósofo victoriano Herbert Spencer, quien a su vez había inventado el eslogan al incorporar a su obra las ideas publicadas por Darwin. Ni siquiera el término evolución aparece una sola vez en El origen; este vocablo se popularizó más tarde y también Spencer fue uno de los primeros en emplearlo.

7. Los pinzones de las Galápagos inspiraron el eureka

Rara vez la ciencia avanza por eurekas; lo habitual, también en el caso de Darwin, es un progreso continuo y laborioso que bebe de múltiples fuentes. En cuanto a los pinzones, que con sus picos adaptados a diferentes alimentos han pasado a la historia como las musas de Darwin, no aparecen siquiera mencionados en El origen. En esta obra, Darwin se limitó a exponer la comparación entre las aves en general de este archipiélago y de otros lugares. En obras posteriores, Darwin sí recurriría a la comparación de especies, pero su interés no se centró en los pinzones, sino en los sinsontes.

8. Darwin refutó la creación bíblica

La fijación de los fundamentalismos religiosos por Darwin como enemigo supremo induciría a pensar que fue el británico quien destronó a la Biblia como pauta para explicar la historia natural. No fue así. En el Reino Unido, la sociedad victoriana sufría ya antes de Darwin una crisis de fe de etiología compleja, donde la razón se imponía a la revelación. A ello contribuyeron los descubrimientos en geología, que restaban crédito a la creación narrada en el Génesis en favor de una Tierra formada lentamente a lo largo de millones de años y por los mismos fenómenos que actúan hoy, no por grandes catástrofes repentinas como el diluvio universal. Esta teoría fue formulada por el geólogo y cristiano devoto Charles Lyell, y ejerció una fuerte influencia en el pensamiento de Darwin. La evolución tal como la formuló su autor no refutaba una posible creación divina, e incluso el propio científico creyó en ella durante años.

9. Darwin perdió la fe por su ciencia y fue enemigo de la religión

Ni Darwin fue un ateo militante, ni se convirtió al cristianismo en su lecho de muerte. Ambas visiones corresponden a manipulaciones de su figura, que se ha tomado como enemigo o modelo desde trincheras opuestas. Darwin explicó en su autobiografía las razones que le llevaron a abandonar la fe, y fueron argumentos sencillos que cualquier persona sin conocimientos científicos podría utilizar: las contradicciones entre distintas religiones reveladas, la negación de un Dios cruel y castigador o el rechazo a una supuesta condenación eterna para los paganos. Y su última conversión antes de morir es otro mito sin pruebas. Pero Darwin no eligió su papel como blanco del fundamentalismo religioso. Respetó las creencias de otros, como su propia esposa, y se unió al agnosticismo científico adoptado por figuras como su amigo y colega Thomas Henry Huxley. Para el agnosticismo de Huxley y Darwin, es tan imposible demostrar la existencia de Dios como lo contrario, y el ateísmo es también un acto de fe.

10. Es solo una teoría

Recientemente, un semanario católico publicaba un artículo en el que, sin negar la doctrina evolucionista, se afirmaba que "las teorías de Darwin siguen siendo una hipótesis. Falta constatación empírica". En tales afirmaciones subyace el error de equiparar la teoría a la pura especulación. Para el método científico, ninguna hipótesis se puede demostrar como cierta, sino solo como falsa. Se asume su validez cuando las pruebas merecen la aprobación de la comunidad científica. En 150 años se han aportado miles de indicios que impulsan la teoría evolutiva en el sentido que lleva desde entonces, y ni uno solo en el sentido contrario. Como señala el genetista Antonio Barbadilla, "nadie duda de otras teorías científicas que no afectan a las creencias, y pocas están tan contrastadas como la evolución".

EXTRAÑA TUMBA AZTECA

MEXICO (AP) - Un grupo de arqueólogos descubrió en la zona central de la Ciudad de México un sepulcro masivo poco común con los restos de posibles guerreros aztecas que combatieron al conquistador español Hernán Cortés.

El complejo funerario fue localizado en las ruinas de la plaza de Tlatelolco, donde se dio la última resistencia indígena contra los españoles en el siglo XVI, y contiene los restos de al menos 49 indígenas adultos, cuidadosamente colocados en una aparente mezcla de la cultura azteca y cristiana.

"Nos llevamos una sorpresa increíble, encontramos un gran complejo funerario", dijo el martes a la prensa en el sitio del hallazgo el líder de la excavación, el arqueólogo Salvador Guilliem.

El experto dijo que los indígenas sepultados podrían haber muerto durante la guerra para conquistar la capital del imperio azteca, que encabezó Cortés en 1521, aunque también tienen la teoría de que habrían fallecido durante alguna de las sublevaciones que siguieron al triunfo de los españoles.

Guilliem dijo que muchos entierros han sido localizados en el sitio, con restos de indígenas que murieron durante las pestes de 1545 y 1576.

Sin embargo, refirió que los entierros de los muertos por las pestes solían caracterizarse por hacerse sin organización, rápidamente y apilando los cuerpos sin importar la edad ni el género.

Pero en el caso del complejo recién descubierto se encontraron elementos distintos.

Los restos, dijo el experto del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), tenían muchas características de los guerreros: todos, salvo cuatro de ellos, eran hombres jóvenes, muchos eran altos y varios mostraban huesos rotos que habían soldado.

Los hombres también estaban cuidadosamente colocados en un estilo que corresponde a los usos del cristianismo: recostados boca arriba con los brazos cruzados sobre el pecho. Añadió, sin embargo, que muchos parecen haber sido envueltos en largas hojas de maguey.

En otra misteriosa mezcla de la cultura indígena y española, en el complejo funerario se hallaron restos de piezas de cerámica usadas en ofrendas aztecas, pero también objetos de madera laminada (quizá restos de féretros), clavos de metal y algunos botones de hueso, un anillo y un collar de cobre.

El hallazgo se hizo a finales del 2008 cuando arqueólogos del INAH buscaban mejores evidencias de la fecha de construcción del templo mayor de Tlatelolco, para determinar con precisión el momento de su fundación.

Susan Gillespie, experta del Departamento de Antropología de la Universidad de la Florida, coincidió que el entierro era poco común porque es improbable que los españoles se hubiesen molestado en tener tanto cuidado para enterrar a guerreros aztecas, mientras que los indígenas habrían sido más proclives a cremar y honrar a sus muertos.

La experta, no involucrada en la excavación, dijo a la AP que aún se conoce muy poco sobre lo que pasó inmediatamente después de la caída del imperio azteca, cuando Cortés arrasó con la mayoría de las pirámides y templos, y luego abandonó la destruida metrópolis. El conquistador vivió en las afueras de la ciudad antes de regresar a reconstruirla al estilo español.

Guilliem dijo que probablemente en el periodo en que Cortés abandonó la ciudad los aztecas regresaron a enterrar a sus muertos.

La experta de la Universidad de Florida coincidió en que podría tratarse de víctimas de las rebeliones indígenas posteriores a la conquista, aunque consideró que aún es necesario realizar más investigaciones, como un análisis de los restos para determinar la causa de su muerte.

Gillespie dijo que otra posibilidad es que hayan sido indígenas que fueron hechos presos por los españoles y asesinados tiempo después.

LA DELICIA DE LUCUMA

La delicia de Lúcuma y el Manchay Puito: Una historia de dulce y prohibido amor

por Jaime Ariansen Céspedes

cpintura01.jpgEsta es una historia de dulce amor, sin lugar a dudas. Me la contó mi abuela con nostalgia y lágrimas en sus ojos de miel, es una historia de su tierra y de su familia en el Cuzco. Me emocioné al oírla, hablaba casi sin pausa, con seguridad, como si ella estuviera viviendo los sucesos.

Quedó una profunda huella en mi interés y curiosidad, debía escuchar esa melodía prohibida. Solo pude hacerlo diez años después y fue la experiencia más alucinante que ustedes se puedan imaginar, el sonido de esa quena de hueso fue tan claro, triste y melancólico que hicieron vibrar hasta la última partícula de mi ser y cada vez que me acuerdo de ese momento reviven en mí la figura y la bondad de mi abuela Mercedes y hasta puedo oler y saborear el dulce de lúcuma que degusté mientras escuchaba aquella historia.

Se inicia en el puerto del Callao, en el Pacífico, la tarde del 15 de agosto de 1798. El puerto estaba cubierto de neblina y saturado de una fina garúa; casi no se distinguía el suave desliz, llegando a puerto, del bergantín "Elise" de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. El pequeño barco marrón y ocre tenía dos palos como mástiles especiales, con velas cangrejas y foque, y adicionalmente le habían añadido una vela cuadrada, como seguridad para un largo recorrido, que le daba una muy singular apariencia.

El "Elise" había partido de Ámsterdam con el propósito de comercializar entre los principales puertos del mundo. Su periplo completo duraría un año y desde el Callao, el distante y codiciado puerto del Virreinato del Perú, se dirigiría a Tahití y de allí iniciaría el retorno a casa, en el noroeste de Europa.

Sólo algunos funcionarios lo aguardaban, pero no sabían de fechas. Ya se había atrasado varias semanas en su itinerario, por eso fue absolutamente normal que nadie fuera a recibirlo, sólo algunos pescadores y los siempre curiosos habitantes del puerto siguieron con la mirada su silenciosa y lenta entrada en la bahía.

Llegó en el bergantín un personaje muy especial, un sacerdote español, también músico y doctor, don Gaspar de Angulo y Valdivieso. Tenía el encargo de ocupar la parroquia de San Blas, en el Cuzco.

No hemos podido encontrar indicios que indiquen en qué lugar abordó el padre Angulo al "Elise", y estábamos intrigados porque este Bergantín no pasó por España. Pero, en cambio hallamos testimonio de su amistad durante el viaje con el famoso artista Guillermo Van Den Velde, a quien el padre Angulo le dedica varias frases muy amables en su diario y del que exhibiría siempre como un preciado regalo una pintura marinera. Durante muchos años y ya en el siglo XX, este valioso cuadro engalanó la pared principal, sobre la chimenea, del gran salón del Hotel de Turistas del Cuzco.

cpintura02.jpgLo que sí es evidente, porque también se encuentra perfectamente documentado, es que don Gaspar disfrutaba de una respetable fama de hombre de ciencia y lucía en sus treinta y tres años una fresca figura de hombre noble y una profunda mirada de muy especial intelecto.

También hemos encontrado cartas que indican que estuvo en Lima más o menos seis meses, antes de emprender el viaje a su piadoso destino en la parroquia de San Blas, precioso lugar en el barrio de los artistas y artesanos del Cuzco.

Durante su estadía en Lima, el padre Angulo se alojó en la casa del doctor Gustavo Campodónico, en la cuarta cuadra de la calle de Los Escribanos. Tampoco existen indicios de por qué no fue al convento de su orden. Pero sí, de otra amistad con la familia de Ivo Claeyssen, importador y fabricante de muebles finos que moraba en la tercera cuadra de la calle Plumereros.

Las dos actividades más importantes de don Gaspar en Lima fueron reseñadas por los diarios El Espectador y La Gaceta de Lima. La primera, fue un concierto que ofreció en el Palacio Arzobispal donde interpretó magistralmente a Vivaldi y la segunda, una conferencia que dictó en la Escuela de Medicina de San Fernando, comentando un reciente descubrimiento del sabio inglés Edward Jenner sobre un nuevo concepto para evitar las enfermedades, la vacunación.

Después, don Gaspar por años sostuvo una sustanciosa correspondencia con las familias Campodónico y Claeyssen y de esa documentación se conocen algunos pormenores de su vida en la parroquia de San Blas, en el Cuzco.

Existe una carta fechada el 12 de Marzo de 1799 que retrata sus impresiones sobre su barrio y su iglesia:

«Es el lugar más pintoresco de la Tierra, sus calles son torcidas y estrechas, todas muy empinadas, trepando el cerro, las casas blancas y las tejas rojas, el ambiente huele a malva y clavelina. Y es un espacio muy musical, cuando lo inunda el canto de unos encantadores pajarillos que aparecen cuando madura el maíz, a los que llaman Choqllopokochi.

Conozco muchas iglesias en Europa y estoy seguro ninguna tiene un púlpito tan maravilloso, fue tallado en una sola pieza por un artesano indio, Juan Tomás Tuyrutupa, de un gigantesco cedro. Casi no se le puede describir, es necesario verlo, el que lo admira queda subyugado. Todo en él es majestuoso y divino. Un inspirado Santo Tomás está rodeado de nueve doctores de la iglesia. En el centro está grabado el escudo del Obispo Manuel Mollinedo y Angulo (que a lo mejor fue pariente mío). En la taza del púlpito están los cuatro Evangelistas, y lo principal, ¡La más hermosa de las vírgenes!, la señora María del Buen Suceso, que Juan Tomás hizo rezando, besando la madera que tallaba y llorando cada vez que recordaba que ella le había hecho desaparecer sus lepras.»

 

Rápidamente, con su actitud sabia y bondadosa, el padre Angulo ganó el multitudinario cariño y popularidad del devoto del pueblo cuzqueño, que no sólo concurría a la parroquia de San Blas para curar el alma, sino también el cuerpo, ya que don Gaspar era tan diestro con las medicinas como con los evangelios y de yapa brindaba en cada ocasión que podía delicados conciertos que cautivaban por su maestría.

Existen en el Cuzco y en Lima reseñas sobre la música del padre Angulo, que coinciden en alabar la pericia con que estudió la gran variedad de flautas, quenas y antaras de las serranías americanas.

La difusión con maestría y bondad de las ciencias, la fe y el arte producen siempre buenos dividendos, porque estos ingredientes son insuperables. No podemos decir si el matiz obtenido por don Gaspar era más bien de héroe o de santo, o una mezcla de ambos, pero lo cierto es que la devoción hacia su persona creció como la espuma. A la vez, el obispado y el cabildo no desperdiciaban ocasión para consultarlo en casos difíciles y su dictamen era siempre aceptado como sabio y justo.

Durante seis años, don Gaspar Angulo y Valdivieso dio singular ejemplo en el cumplimiento de los sagrados deberes de su ministerio. Hasta que un día, el 24 de Agosto de 1805, onomástico de San Bartolomé (¡que es el único día del año en que el diablo tiene licencia para transitar por el mundo en forma de tentación!), le ocurrió al padre Angulo algo muy especial que transformaría su vida para siempre.

cpintura04.jpgEsa tarde conoció a una bella y dulce joven de veinte años llamada Anita Sielles, de la que hemos encontrado una deliciosa descripción, escrita muchos años después, en 1882, por el célebre tradicionalista don Ricardo Palma, quien retrata a la joven de esta manera muy especial: "Anita Sielles era una linda muchacha de veinte pascuas muy floridas, con una boquita como un azucarillo, y unos ojos como el lucero del alba, y una sonrisita de gloria in excelsis deo, y una cintura cenceña y un piececito como el de la emperatriz de la gran China y un todo más revolucionario que el Congreso".

Con semejante descripción, no dudamos un segundo, del impacto celestial que causó la señorita Sielles en el santo don Gaspar.

Anita comenzó rezando el rosario en la parroquia de San Blas, luego, preparando un especial incienso de rosas y limón, mientras registraba con su delicada letra los matrimonios, bautizos y defunciones en el libro parroquial y, sobre todo en las tardes, preparaba los dulces que se vendían en la sacristía para aliviar la economía de la Parroquia. Había uno especial, no se vendía, Anita lo preparaba sólo para el padre Gaspar. El nombre él mismo se lo puso: "Delicia de Lúcuma".

cpintura05.jpgDespués, ayudaba a preparar las infusiones curativas y poco a poco mil cosas más, que le ocupaban tanto tiempo en la parroquia, que el pueblo vio con absoluta naturalidad la decisión de que "por comodidad y sus muy numerosas tareas debería vivir en la parroquia". Todo era tan perfecto y bueno, que ninguna maledicencia llegó ni siquiera a acercarse a los muros de tan piadoso edificio. Hubiera sido un pecado capital, pensar siquiera por un momento, que la tentación de la carne pudiera llegar a un santo varón y tan virginal dama.

Pero las cosas eran como usted querido lector está pensando... tiene toda la razón. En la parroquia se desató la más encendida pasión que se puedan imaginar: Romeo y Julieta, Abelardo y Eloisa, Marco Antonio y Cleopatra y cualquier otro par de famosos amantes serían fríos, principiantes, inexpertos, comparados con Anita y Gaspar.

En San Blas, las campanas sonaban solas, musicales y multicolores lo inundaban todo de alegría. Los cirios se encendían espontáneamente y el órgano funcionaba todo el día, una veces tierna y dulcemente, otras febril y apasionadamente, pero nunca dejaba de interpretar; una tras otra, miles de melodías que se sucedían, siempre inventando una nueva armonía, jamás ensayada antes, con infinita creatividad, produciendo figuras inéditas que sólo puede generar un amor sin límites, que en un ardoroso crisol fundía en indisoluble amalgama, miradas y pasión, promesas y pasión, caricias y pasión, suspiros y pasión, pasión y más pasión.

Los próximos seis meses fueron todos de un mismo color: rosa esperanza; de un mismo sabor: fresa tentación; de un mismo olor romántico de madreselva y sándalo. El aroma del amor y la pasión lo envolvía todo, del amor infinito, del amor sin límites, del amor prohibido de Anita y Gaspar.

Una mañana de junio, fría y diáfana, llegó un emisario a la parroquia con una urgente misiva. El obispo de Arequipa don Gustavo Mendoza y Barrionuevo, requería del sabio consejo de don Gaspar, por lo que le pedía que fuera a esa ciudad "en el término de la distancia".

En la siguiente semana, don Gaspar acudió al llamado, con la firme promesa de no demorar ni un minuto más de lo estrictamente necesario. La despedida de su amada fue muy tierna, las miradas se entrelazaron infinidad de veces, hasta que las figuras se diluyeron, empequeñecidas por la distancia. El padre don Gaspar Angulo y Valdivieso estaba rumbo a Arequipa.

El viaje, las entrevistas, los consejos, las compras de regalos para Anita, más consejos, más entrevistas y más regalos para Anita, las realizó tan rápido que en menos de lo que canta un gallo y que alguien se diera cuenta de que existen otras dimensiones, como la nostalgia o la necesidad imperiosa, vital, del encuentro con la amada... antes de que nadie se percatara, don Gaspar fabricó una cortina de simpatía y admiración, tras la cual desapareció.

El padre Angulo había dado por terminada su misión en Arequipa y estaba nuevamente en el polvoriento y florido camino, esta vez de regreso a su devota y pintoresca parroquia. Añoraba más que nunca la piel tibia y tierna de la razón de su vida.

En la quebrada de las Tres Cruces, a unos 30 kilómetros del Cuzco, le dio el alcance Sebastián, su fiel sacristán, que pálido tembloroso y sin aliento le entregó una misiva que decía:

«Mi amor, regresa lo más pronto posible. Una rara fiebre se ha apoderado de mí, desfallezco, ya no tengo fuerzas para moverme. Sólo un beso tuyo podrá transportarme nuevamente a nuestro paraíso. ¡Te necesito tanto!, Tuya por siempre... Anita.»

Los ojos inundados de lágrimas, los cabellos al viento, mil latidos del corazón, espuelas clavadas como garfios en el brioso corcel. El camino parecía infinito, nunca los kilómetros fueron tan largos, nunca los metros fueron tan interminables, nunca el tiempo fue tan lento, hasta divisar la estrecha cuesta empedrada en cuyo final estaba la plaza y la parroquia de San Blas.

Anita, había fallecido hacía dos días y la enterraron piadosamente en el jardín posterior de la iglesia. Don Gaspar, desesperado y con febril éxtasis, no reconoció a ninguna de las muchas personalidades que lo esperaban para compartir un infinito dolor que inundaba el ambiente; parecía ausente de todo, sólo su cuerpo estaba allí, su esencia estaba lejos, muy lejos, donde se reúne la gente buena, en la eternidad.

Respetando su dolor sin límites, todos guardaron silencio, el silencio más profundo que pueda existir, nadie respiraba, ni siquiera los corazones latían, la gente que los amaba, mucha gente, de toda condición, de todo lugar, aguardaban inmóviles, como figuras de piedra, a distancia cuidando que nadie interrumpiera el duelo de la casa parroquial.

Don Gaspar les pidió salir a los que quedaban en la iglesia y cerró tras él la pesada puerta principal. Durante las siguientes tres horas, nadie se movió en la plaza, ni siquiera pestañó, cuando de repente un estremecimiento general se apoderó de todos. De la iglesia comenzó a brotar un torrente cristalino, una melodía que hacía vibrar todo el ambiente, de infinita tristeza, que llegaba a todos los rincones, produciendo un tierno temblor, sin ningún rasgo de violencia, pero con una fuerza muy poderosa, la más importante de todas, el poder del amor.

La música procedía de una quena colocada dentro de un raro cántaro de boca ancha y con agua hasta la mitad de su volumen; era el "Manchay Puito", que producía la melodía de la vida y de la muerte, era la fuerza musical, la que podía traer del más allá a la persona amada.

Cada vez la melodía era más intensa, cada hora las notas eran más tristes, más profundas, suplicantes, todos lo que estaban en la plaza San Blas se quedaron sin lágrimas, sin suspiros y sin fuerzas. Durante tres días y tres noches la quena no dejó de sonar ni un solo instante.

A las cinco de la tarde del 2 de julio de 1804, llegó el final de esta ceremonia de amor, de este sublime ruego musical. Un remolino multicolor con todo el triste sonido se elevó como un rayo rumbo al cielo, mientras comenzaba a caer una fina garúa con un suave olor a musgo.

La expectativa fue absoluta, durante los siguientes minutos nadie se atrevió a tomar la iniciativa, hasta que el Alcalde del Cuzco don Jerónimo Peñafiel, se acercó lentamente a la puerta de la iglesia. Le siguieron algunas autoridades eclesiásticas y civiles, la empujaron suavemente y se encontraron ante un triste cuadro, bello y misterioso.

Anita se encontraba sentada en un sillón con un traje de raso verde esmeralda, tenía en la frente una corona de azahares, lucía diáfana y hermosa como sumida en un profundo sueño. Definitivamente no estaba muerta. Frente a ella y compartiendo su infinito sueño, don Gaspar de Angulo y Valdivieso estaba engalanado y en su mano brillaba la quena del Manchay Puito, con que había tratado de revivir a su amada.

Junto a ellos, en el muro de la iglesia, habían aparecido reflejados de la imagen del púlpito, los rasgos de la noble señora, de la madre amantísima, de la bendita Señora del Buen Suceso.

La virgen tenía una dulce expresión y un rosario de perlas en las manos, que se convertían, mediante una celestial metamorfosis, en miles de pétalos de rosas que brotaban de la pared y cubrían todo el espacio hasta donde estaba sentada Anita Sielles. Constituían un cuadro de paz, un cuadro de amor eterno, del más puro de los amores.

En las siguientes semanas, la historia de Anita y Gaspar recorrió toda América y llegó como un exótico tema hasta la corte de Carlos IV y como un documento muy serio hasta el Vaticano, a la Comisión Papal que analizaba casos de milagros, como minuciosos "abogados del diablo".

Los feligreses del Cuzco y en especial los de San Blas, comenzaron a llevar flores diariamente y poner velas encendidas alrededor de la imagen aparecida en la pared, de la hermosa Señora del Buen Suceso. Este hecho continúa hasta nuestros días, con la fundamental fuerza de 200 años del más puro amor.

Rápidamente se fueron acumulando en la tradición popular una larga lista de testimonios de los "milagros". Todos tenían un mismo rasgo, habían logrado solucionar problemas del amor difícil, del amor lejano, del amor no correspondido, del amor traidor. Pronto también el rito del Manchay Puito fue muy popular, usado siempre que existía nostalgias de amor.

Pero, esta aparente inofensiva ceremonia fue tomando un matiz trágico ya que terminaba en muchos casos con el suicidio de los amantes, de los amantes impacientes, de los amantes sin fe, de los amantes sin tiempo. Fue tan rápida la multiplicación de esta epidemia de amor amargo, que con carácter de "muy estricto" se publicó un edicto real confirmado por el virrey Rafael de Sobremonte que "prohibía terminantemente la práctica del Manchay Puito en todos los territorios del virreinato". Esta orden fue reforzada con la no menos importante bula de excomunión, dictada por el Papa Pío VII, para los que celebraran en la América esa ceremonia "diabólica".

En la erradicación de la costumbre y la extirpación de esa idolatría se emplearon diez años de esforzado trabajo de las autoridades civiles y eclesiásticas. Para 1815 ya no existían en los territorios de España en América instrumentos para realizar la ceremonia del Manchay Puito, cántaros y quenas habían sido destruidas, sólo quedaban miles de historias.

Y por supuesto la receta de la bella Anita, que la pudimos copiar de su cuaderno original:

Delicia de Lúcuma - Ingredientes: 1 litro de leche fresca, unas gotas de esencia de rosas, una taza de azúcar, 5 huevos, dos tazas de lúcuma (la exquisita fruta peruana), vainilla al gusto. Se hace hervir la leche con el azúcar, se la hace espesar como dulce de leche, se le añade la esencia de rosas, entonces se quita del fuego y se hace enfriar, se le pone las cinco yemas batidas y la fruta bien molida, luego se pasa por un tamiz y se le agregan las claras batidas a punto de nieve, se pone todo en un molde bien untado de mantequilla y luego al fuego en baño de María. Se vacía en una fuente y cuando esté en su punto se baña con una crema de vainilla y lúcuma.

 

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Cuadros de Isabel Francés Gómez-Jordana

PAGA LO QUE QUIERAS

LONDRES - Un restaurante londinense cree haber encontrado la respuesta a la caída de la frecuentación que provoca la crisis económica: ya no presenta la cuenta, sino que deja a sus clientes al cuidado de pagar lo que consideren que es el precio justo.

"Es enteramente a la voluntad del cliente. Pueden darme 100 libras o un penique. Todo lo que pido es que me paguen lo que consideren que es el valor de la comida y del servicio", declaró Peter Ilic, propietario del restaurante, citado en un comunicado difundido el martes.

El Little Bay, situado en Farringdon, en el norte de Londres, no presentará ninguna cuenta a sus clientes durante el mes de febrero. Sólo se exigirá un precio fijo para las bebidas. "Pero se servirán jarras de agua", asegura el restaurante.

"Me parece una cosa buena para hacer cuando todo el mundo se siente golpeado por la crisis... Hemos visto a muchos más empleados de la City (barrio de negocios de Londres) a la búsqueda de almuerzos más baratos", añade el restaurador, que lleva en el sector 26 años.

"Incluso si la gente no paga nada, he dicho a mi personal que la trate de la misma manera que si desembolsaran 50 ó 60 libras", prometió en entrevistas con la prensa inglesa.

Antes de esta insólita oferta, los entrantes (terrinas de foie gras, tartaletas de cangrejo o mejillones a la marinera) costaban tres o cuatro libras (de 3,3 a 4,4 euros) y los platos principales (pollo con lentejas, pulpeta de salmón o pato al puerro) menos de diez libras (11 euros) en este restaurante.