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INSTITUTO DE LOS ANDES

LA MUERTE DE MURILLO


Exigente con su arte hasta el final. Murillo, una de las figuras más importantes del barroco español, subió a un andamio para poder pintar mejor la parte superior de un retablo y un resbalón le jugó una mala pasada. Moría días después a causa de la caída.

Al pintor andaluz se le encargó el cuadro del el retablo de los Capuchinos de Cádiz, que empezó a pintar en 1681. Se trataba de una pieza de grandes dimensiones que requirió la ayuda de un andamio para que pudiera realizar las partes superiores de la pintura.

Una mala caída

Murillo estaba pintando el retablo sobre el andamio, cuando tropezó y cayó al suelo. El accidente le provocó un grave problema en los intestinos ya que hacía tiempo que padecía una hernia. Esto, al parecer, le llevó a la muerte, pero no en el acto, ya que el pintor español, aunque muy enfermo, sobrevivió unos meses más. Finalmente, el 3 de abril de 1682 Bartolomé Esteban Murillo falleció. Su última voluntad fue que se le enterrase en su parroquia de Santa Cruz y que se le dijeran misas en dicha iglesia y en la del Convento de la Merced.

Su recuerdo yace en Sevilla

Al día siguiente, el 4 de abril, fue enterrado tal y como él había pedido. La Iglesia de Santa Cruz, la última casa del artista, desapareció durante la ocupación francesa en Sevilla. Actualmente, el solar de la parroquia lo ocupa la plaza de Santa Cruz, en cuyo subsuelo reposan los restos del gran pintor.

Una gran pérdida

Murillo es uno de los máximos exponentes del arte barroco en España. Un artista que se caracteriza por su magnifica técnica y un gran colorista. El pintor avanza desde un tenebrismo inicial hacia una pintura más suelta, ligera y libre. Además de sus temas religiosos, también es famoso por sus obras realistas.

El Gerente y el Presidente

¡Tomás Merlo se mueve en círculos importantes!

Qué satisfacción más grande cuando nuestros queridos ex-alumnos nos contactan y nos enteramos de lo bien que les va (¿cuántas fotos tienes tú con el Presidente?), sobre todo cuando se trata de muchachos tan correctos y simpáticos como Tomás Gianni Merlo Ayllón, integrante de la Primera Promoción del Instituto de los Andes. En aquellos tiempos era conocido por todos como "Gianni", pero ahora lo encontramos como el Sr. Gerente Tomás Merlo. Hace pocos días nos escribió un correo y no quería dejar de compartir con Ustedes algunos extractos del mismo:

"En primer lugar quiero felicitarles por la página Web, está muy versátil e ilustrativa, debo decir que me causó nostalgia y recuerdos inolvidables verme junto a ex compañeros de carpeta en las fotos que están publicadas como recuerdo de la Primera Promoción. Nuevamente mi enhorabuena y que continúen los éxitos por muchísimos años más; de ser posible me gustaría que hagan extensivo mi saludo al Ing. Jaime Ariansen y familia a quienes tengo muy presentes en mis recuerdos. Adjunto algunas fotos en el Hotel Costa del Sol (Cuatro Estrellas) Tumbes, donde ahora soy representante de la cadena hotelera como Gerente del Hotel y Director de la Cámara Nacional de Turismo de la ciudad de Tumbes, después de haber residido varios años fuera del Perú".

Gianni... perdón, Tomás me adjuntó unas interesantísimas fotos que les presento a continuación:

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Con el Presidente García, ni más ni menos

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Con la Ministra de Comercio Exterior y Turismo, Mercedes Aráoz

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Con el Presidente del Ecuador, Rafael Correa

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Parte de la fachada del Hotel y Casino

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Presentando la nueva carta Verano 2008

Pueden contactar a Tomás en el siguiente correo tmerlo@costadelsolperu.com para saludarlo, para planificar sus próximas vacaciones o para aplicar a prácticas profesionales en el hotel. También recomendamos visitar www.costadelsolperu.com 

¡Renovadas felicitaciones!

Cacao, la semilla que cambió el color del mundo

Oriundo de América, fue en Europa sin embargo que, en sociedad con el azúcar y posteriormente con la leche, este fruto se convirtió en uno de los manjares más apetecidos por el paladar humano. Aquí en el Perú, es de excelente calidad, aromático y suave, y por eso la chocolatería peruana ya empieza a distinguirse de sus pares.

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Escribe Manuel Cadenas Mujica / Fotos de Eric Dañino / Aparecido en el #62 (Diciembre 2004) de la revista "Dionisos"

Se dice que Quetzalcoatl, protector de los aztecas y dios del aire, la luz y la vida, vio un día que faltaba alimento entre los hombres. Dispuesto a mitigarlo, viajó al país del hijo del Sol y robó una planta que ofreció a su pueblo. Esa es, por supuesto, la leyenda. Y cabe preguntarse, a la luz de ese relato, cuál sería este país del hijo del Sol. Lo cierto es que los investigadores no se ponen de acuerdo aún sobre la zona exacta de la cual es oriunda la planta de cacao, aunque no quepa duda alguna de que es una planta autóctona del Nuevo Mundo. La tesis que mayor fuerza ha cobrado indica una vasta región amazónica como la zona donde hace aproximadamente 4 mil años surgió el primer espécimen de la planta que hoy conocemos como Theobroma. Otras teorías mantienen que es originaria de Mesoamérica e incluso hay quien asegura que la zona que dio origen a esta planta se encuentra entre la parte sur del lago de Maracaibo y el río Magdalena. Fue Cristóbal Colón el primer europeo que descubrió el chocolate... ¡y nunca lo supo! El 30 de julio de 1502, Cristóbal Colón echó anclas frente a la isla de Guanajo, en las cercanías de América Central. Se le acercó una majestuosa piragua con un jefe azteca que ofreció a los blancos hermosas armas, tejidos y también unas curiosas almendras. Le explicó a Colón que eran muy importantes para ellos, ya que constituían la moneda del país y, además, permitían preparar una bebida muy apreciada por los indígenas. Días después, la pequeña escuadra de cuatro carabelas alzó la vela nuevamente hacia Europa. Cristóbal Colón y sus marineros no sospecharon que habían tenido entre sus manos “habas de cacao” y que éstas serían un día muy apreciadas en el mundo entero. Diecisiete años más tarde, Hernán Cortés emprendió la conquista de México. Apenas desembarcaron, alistándose para el combate, con gran sorpresa vio que el emperador Moctezuma y sus vasallos lo recibían cordialmente. Víctimas de la leyenda, creyeron ver en Cortés la reencarnación del bondadoso dios Quetzacoatl, que de acuerdo con la tradición, había abandonado ese país anunciando que volvería algún día. Lo propio le sucedería a los seguidores de Atahualpa con Pizarro. El acogedor emperador cubrió de riquezas al conquistador y le ofreció la plantación real de cacaoteros, cuyas habas se utilizaban como monedas. Con buen sentido de los negocios, Cortés consiguió que le cambiaran los granos de cacao por oro, metal que era indiferente para los indígenas, en tanto que los frutos del cacao eran objeto de una verdadera devoción. Los nobles indígenas lo consumían en forma de bebida a la que llamaban “tchcolatl”, nombre que evocaba el ruido del molino que sirve para hacer la mezcla, y de “atl”, agua. La bebida se condimentaba con ají, pimienta y otras especies. A falta de buen vino de España, los soldados trataron de acostumbrarse al cacao; pero la bebida azteca no tenía más que un lejano parecido con los sabrosos chocolates de hoy.

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Azúcar y chocolate, secreto de convento

Los europeos que llegaban a buscar fortuna en México se dieron cuenta rápido de la riqueza que podía ofrecerles el cacao y desarrollaron plantaciones, paralelamente a la introducción en las Islas Canarias del cultivo de la caña de azúcar. Estos dos productos se unieron luego para formar una deliciosa bebida: el chocolate. Unas religiosas de Oaxaca mejoraron la receta. Preparaban una sabia mezcla de jugo blanco de maíz tierno, cacao y azúcar, que perfumaban con plantas aromáticas, vainilla, almizcle o ámbar gris. Caliente o frío, el chocolate gustaba cada vez más. La corte española mantuvo la preparación de esta bebida a nivel de secreto de estado, y sólo los monjes conocían el procedimiento para convertir el fruto del cacao en chocolate. Esta bebida era ampliamente usada por ellos, ya que la iglesia consideraba que no rompía el ayuno, además de volverse sumamente popular en España. La corona española logró mantener este secreto durante aproximadamente un siglo. Ciertos historiadores indican que el viajero italiano Antonio Carletti descubrió el secreto y lo llevó a otras naciones europeas, mientras que otros dicen que dicha popularidad se debe a que la infanta María Teresa de España, al casarse con Luis XIV de Francia, el Rey Sol, le entregó a éste el secreto de la preparación del chocolate como regalo de bodas. La pareja real instauraría entonces en la corte francesa la costumbre de tomar chocolate. Una tercera versión, coincide en que Francia fue el segundo país en recibir el chocolate, pero difiere en la manera, pues asegura que sólo cuando la Facultad de Medicina de París le otorgó el visto bueno y que la reina Ana de Austria, esposa del rey Luis XIII la nombrara “la bebida oficial de la corte francesa”, en el año de 1615, ésta se convirtió verdaderamente en un suceso.

Llega la leche y el chocolate en barra

En 1657 un ciudadano francés radicado en Londres abrió en Queen´s Head Alley una tienda llamada “The Coffee Mill and Tobacco Roll”, en la cual se comenzaron a vender las pastillas sólidas de chocolate para preparar la bebida en Inglaterra y se considera históricamente como el verdadero punto de partida de su popularidad en Europa. Como consecuencia de esta popularidad, el gobierno británico estableció un impuesto que le daba al chocolate un precio equivalente a 3/4 de su peso en oro. Por esta razón, el chocolate era una bebida que sólo podía ser costeada por la alta sociedad. Los suizos comenzaron a fabricar chocolate a mediados del siglo diecinueve cuando Daniel Peter, al tratar de mezclarlo con leche para hacerlo más cremoso, tuvo problemas, ya que el agua contenida en el chocolate no permitía una emulsión uniforme. Luego de 8 años de experimentos infructuosos, le presentó la idea a un fabricante de leche evaporada de nombre Henry Nestlé, quién tuvo la idea de mezclar leche condensada azucarada con cacao, iniciando así la fama del chocolate suizo. En el año de 1828, C. J. Van Houten, un maestro chocolatero holandés, inventó la prensa de cacao, instrumento que se utilizaría para obtener la manteca de cacao, quitándole a éste su acidez y amargura tradicional. El chocolate sólo se consumió en forma líquida en Europa hasta 1879. Rodolphe Lindt tuvo la idea de agregar de nuevo la manteca de cacao procesada a la mezcla, permitiendo así que el chocolate pudiera ofrecer una textura sólida y cremosa a la vez, que fuera crocante al morderlo para que luego, se derritiera en la boca. Esta presentación tuvo su auge durante la Segunda Guerra Mundial, ya que proporcionaba a las tropas aliadas un excelente alimento, a la vez que ocupaba muy poco espacio al transportarlo. Terminada la segunda guerra, se afianzó el mercado para el chocolate en barra, ya que las tropas, de vuelta en casa, deseaban seguir consumiéndolo.

El chocolate vino a Perú para quedarse

¿Y aquí, en el Perú, hubo chocolate? Aunque se sabe que el origen del cacao es amazónico, no se conoce dónde fue domesticado. Algunos defienden su domesticación en Sudamérica, pero otros estudiosos no encuentra evidencia de esto, porque los ancestros salvajes del cacao de Centro América son diferentes genéticamente a los sudamericanos, cuya subespecie T. cacao spaerocarpum tiene forma de un melón liso en contraste a la mesoamericana, alargada y acanalada. Sin embargo, hay quienes también aseguran que en el Perú antiguo existía el cacao, que los incas lo conocían muy bien, pero que al haber llegado los españoles primero a México, se impuso el origen mesoamericano e incluso el término con el que se le conoce, como ocurrió con otros centroamericanismos tales como camote o cacique. La razón por la cual no se popularizó ninguna bebida con el cacao, a entender de Rafael Ariansen, es que al ser una bebida amarga (ya hemos visto que recién cuando llega a Europa se asocia con el azúcar), se prefirió en el antiguo Perú la sabrosa chicha en sus múltiples variedades (léase el artículo dedicado a la famosa bebida nacional en Dionisos N° 60, setiembre de 2007). Como fuere, lo cierto es que muy temprano el cacao llega al Perú y el chocolate alcanzó gran popularidad en nuestro país gracias a que la iglesia consideró que su consumo no rompía el ayuno y a su adaptación como bebida oficial de los reyes y de la corte española. Desde entonces, se ha convertido en un importante productor de cacao. Si bien no en cantidad (los principales países productores de cacao son: Costa de Marfil con 39%, Ghana e Indonesia con 13% y Brasil con 10%; le siguen, Nigeria con 5%, Camerún y Malasia con 4%, República Dominicana y Colombia con 2%, Nueva Guinea, México y Ecuador con 1%; después está Perú con 0.9%), sí en calidad: el cacao peruano es del tipo aromático, caracterizado por su alto contenido de grasa, que le confiere un alto valor comercial en el mercado internacional. Además, es actualmente el segundo productor mundial de cacao orgánico, después de República Dominicana. Las zonas productoras de cacao más importantes del país se encuentran en las regiones de Cusco y Ayacucho, que producen el 65.9% del total nacional, seguido por las regiones de Junín, Huánuco y Cajamarca que en conjunto producen el 27% del total. Por lo demás, sabemos bien que en el Perú la chocolatería se ha desarrollado industrialmente con mucho vigor desde hace más de un siglo, pero sobre todo en los últimos años en que, aprovechando la calidad del insumo nacional, importantes empresas de Lima y el interior del país han desarrollado líneas de chocolates con carácter y calidad gourmet, a tono con la demanda mundial.

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El potencial del chocolate peruano

La profesora Ivette Aliaga, del Instituto de los Andes, con veinte años de experiencia con los chocolates, se ha especializado tanto que en enero del 2008 lanzará al mercado europeo su propio chocolate, llamado Chocotuntas. Ella tiene puesta su confianza en la calidad del cacao y el chocolate peruano. “El cacao peruano es muy bueno, suave y aromático, que está siendo usado mucho en Europa como insumo. Imagínate que nosotros estamos utilizando acá el chocolate belga con su sello de cacao peruano. Nos están devolviendo el chocolate con nuestros insumos”. Entre las distintas calidades de cacao que existen en el Perú, ella prefiere el cusqueño. “Es un cacao criollo de ceja de selva, más aromático. Hay otros pero tienen mucho tanino, entonces no son aptos para hacer el chocolate que nosotros necesitamos. Igual, el cacao peruano en general es muy aromático y ligeramente más suave. El cacao es una semilla que cuando la tuestas es amarga, pero tiene el encanto del café. El chocolate no solamente tiene el poder de hacerte evocar momentos felices, sino que científicamente está probado que tiene el poder de hacer que las personas se sientan contentas”. Otro aspecto que enriquece la perspectiva del chocolate en el Perú es la gama de insumos con los que se le puede acompañar. “En Europa van mucho a lo exótico, a los nuevos sabores y texturas. Y acá tenemos un paraíso, una gama de insumos de lo más variados. Estamos haciendo rellenos en base a una mermelada de ají, que se acompaña con un poquito de pimienta. Por otro lado, tenemos una variedad tremenda de frutas, como el aguaymanto, la carambola, toda clase de cítricos, incluido el maracuyá, el tumbo, que le dan sabores muy ricos y especiales”. Y, por supuesto, está la creatividad en la presentación. “Los bombones no sólo se hacen cerrados y tapaditos, también se hacen abiertos o directamente las frutas bañadas en chocolates. Aquí verás algunas frutas bañadas en chocolate en un recipiente que también está hecho en chocolate, unas canastitas para que vean cómo ha sido moldeado el chocolate a mano. Todos son trabajos hechos a mano. El chocolate se puede trabajar, se puede moldear”.

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Chocolatería, una ciencia muy exacta

Uno se pregunta, ¿y cómo se hace para llegar a tal destreza en el manejo de un alimento, al punto de poder crear verdaderas filigranas? Es un proceso muy delicado y exacto que empieza, primero, escogiendo el chocolate apropiado, elaborado en base a un buen cacao. “Ante todo, hay que ver la textura. Cuando muerdes un chocolate tiene que partirse con un ligero sonido, hacer un ‘crack’, tener un crocante. Te ofrece una pequeña resistencia, pero inmediatamente se rompe. Hablamos de un chocolate en pasta, ya preparado. Si estoy degustando un bombón, primero debo ver cómo se parte. No tiene que ser duro, pero tiene que partirse haciendo un ‘crack’. Otra cosa importantísima en un buen chocolate es que en cuanto lo tengas en la boca se disuelva. No se necesita masticar, inmediatamente se debe disolver. El chocolate se disuelve a 26° grados de temperatura”. Para trabajarlo, lo primero que se debe aprender es a derretirlo. Parece cosa simple, meter fuego y ya, pero no lo es. “Derretir el chocolate y poder moldearlo, pero en cosas básicas. Lo básico es trabajar con moldes, hacer trabajos con figuras huecas como los huevitos de chocolates. Conforme se avanza, se aprende a pintar el chocolate. Una vez que se sabe moldear se empiezan a hacer trabajos a mano. Ahí, el único límite del chocolate es la imaginación. Puedes hacer lo que quieras”. Igual sigue sin resolver el misterio del derretido. “Para derretir el chocolate sólo se puede llegar hasta los 50 grados, después se puede quemar. Usamos el baño María, una tacita con agua debajo. Para trabajar, la temperatura del chocolate tiene que estar siempre en 33 grados. Es algo muy exacto, se debe usar termómetro, si está a la temperatura adecuada puedes estar una hora y no se pone duro. Pero también te das cuenta por la temperatura de tu piel, el chocolate tiene que estar más o menos a la temperatura corporal”. Eso es válido para los chocolates bitter, mas no para los de leche o blancos. “El chocolate de leche necesita uno o dos grados menos, a 31 grados. Y a 30 el chocolate blanco. Si quieres un buen resultado, se necesita gran precisión, porque si se te pasa la temperatura, inmediatamente reacciona y vas a tener manchas, brillos, y no es que el chocolate esté brillando bonito, sino que la grasa sale a la superficie. Queda disparejo, aunque no afecta el sabor”. ¿Y en verano? “Eso es lo bueno de ser peruanos, trabajamos con todos los climas. Una vez vi a un chocolatero que no quiso trabajar porque era verano. Lo ideal es tener un lugar con aire acondicionado, claro. Acá en el Instituto tenemos lugares especiales, pero nosotros no le tenemos miedo a nada, eso es lo bueno de los peruanos”.

Tipos de chocolate

Chocolate Bitter: Chocolate puro, amargo porque no debe tener azúcar, deja sentir el verdadero sabor del cacao y conocer su calidad. Se compone de pasta de cacao y manteca de cacao.

Chocolate de Leche: Tiene pasta de cacao, manteca de cacao, leche y un poco de azúcar.

Chocolate Blanco: Tiene manteca de cacao, leche y azúcar, pero no tiene pasta de cacao. En realidad, es más nombre “chocolate” que chocolate mismo, porque no tiene pasta de cacao.

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ANDREA DEL VERROCCHIO

Retrato de Andrea del Verrocchio. 

(Florencia 1435-Venecia 1488)

Andrea Di Cone, llamado Andrea del Verrocchio, orfebre, escultor y pintor italiano. Tomó su nombre del orfebre Giuliano Verrochi, junto a quien se inició en el arte. En escultura se formó bajo la guía de Donatello. A partir de 1465 dirigió uno de los más importantes talleres escultóricos de Florencia, que rivalizó con el de los Pollaiolo.

Fue protegido por Lorenzo Médicis, para quien realizó numerosas obras; en 1472 se le encargó la erección del mausoleo de Juan y Pedro de Médicis en la iglesia de San Lorenzo, y en ella utilizó sólo motivos ornamentales. De 1478 a 1483 realizó uno de sus trabajos más originales, el grupo de Cristo y santo Tomás de Orsammischele, rico en contrastes de masas, en tensiones formales opuestas, en claroscuro de ropajes.

Con estilo y espíritus diferentes, se enfrentó con algunos de los temas más famosos de Donatello: su David (1476, Bargello) es más soñador que el de su maestro; su estatua ecuestre B. Colleoni (1479-1488), su última obra, hecha por encargo de Venecia, es más movida que el Gattamelata de Padua.

En pintura, Verrocchio intensificó las investigaciones técnicas, tendiendo a los efectos lisos de modelado y al estudio naturalista de la iluminación. En su Bautismo de Cristo (Ufizzi), la sutileza de las dos figuras de ángeles, debidas a Leonardo da Vinci, contrasta con la relativa sequedad de los personajes principales.

La Madona con san Donato y san Juan Bautista, composición que destaca por su amplitud y su delicado paisaje, la pintó en colaboración con L. di Credi, que junto con Leonardo, fue uno de sus mejores discípulos.

El Perú en Pantalla: ¿Lima x Springfield?

 

No importa qué tan curtido televidente seas, si en tu programa favorito mencionan sin previo aviso, y con nombre y apellido (o sea, capital y país) a nuestra Lima querida y sufrida, no dejas de sobresaltarte. En días recientes hemos sido testigos de dos de estos raros avistamientos en dos populares comedias, que nuestro esforzado equipo de investigación presenta para ustedes como homenaje a la Tres Veces Coronada Villa.

041. THE NANNY (Ep. “My Fair Nanny”, 1993)

En el episodio 3 de su primera temporada, o sea cuando el público recién se acostumbraba a la voz nasal y estridente apariencia de su protagonista, se coló el nombre de nuestra ciudad capital en pleno desayuno de los Sheffield. El tema general del capítulo no viene al caso, pero tiene que ver con Fran siendo educada por Max y Niles para que se comporte como una dama refinada ante un grupo de señoras estiradas que vendrán a tomar el té, o algo así. Justo después de los clásicos créditos animados aparece la familia en el comedor, y Fran le hace una pregunta a Brighton, pero es Grace quien contesta rápidamente:

Fran: Ultima pregunta: ¿la capital de Perú es...?

Grace: Lima

Fran: (Revisando la respuesta) Muy bien. (A Brighton) Si ella entra en tu mochila puede que pases este examen.

Brighton: No necesito ser un genio. Voy a ser un productor como papá.

Aparentemente para los norteamericanos promedios conocer que Lima es la capital del Perú es toda una hazaña. Aquí pueden ver el video en cuestión. Justo después del primer minuto:

042. LOS SIMPSONS (Ep. “The Seven-Beer Snitch”, 2005)

Aunque los criticones sostengan que su temporada 16 fue bastante floja, cualquier capítulo regular de “Los Simpsons” es mejor que el 90% de lo que se puede ver hoy en la tele. Y cómo no querer su episodio 349, en el que los ciudadanos de Springfield consideran cambiar el nombre de su ciudad por el de ¡Lima, Perú! Sucede que el municipio decide construir una suntuosa opera house de $30 millones para opacar a la vecina y rival ciudad de Shelbyville, sin considerar que a nadie en Springfield le interesa un comino la cultura.

Alcalde Diamante: ¡Estúpidos pueblerinos!¿Por qué no me dijeron que odiaban la música clásica?

Carl: No tuvimos tiempo.

Lenny: La sala de conciertos se diseñó y construyó tan rápido.

Diamante: Oh, estamos quebrados, pero tengo un plan. Le cambiaremos el nombre a la ciudad para escapar de los acreedores. ¡Necesito nombres, gente!

Lenny: ¡Lima, Perú!

Carl: ¡Ciudad Gótica!

Jefe Górgory: ¡Gorgoryville!

Barney: ¡Burger King!

¿Alucinante, no? Finalmente el edificio termina siendo una prisión bajo el mando del Sr. Burns. ¡Sólo en Los Simpsons!

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¡Lenny, gracias por pensar en nosotros!

¿Has visto al “Perú en Pantalla” alguna vez? ¡Envíanos tus aportes!

La Joyita de Jann

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Seguimos recopilando las felices apariciones de nuestros ex-alumnos en los voceros oficiales del verano, en este caso la revista "Boulevard Sur Plaza" (Número 4), que reseña a uno de sus inquilinos más notorios, el restaurant-lounge-discoteca "Joia", donde el siempre sonriente Jann Van Oordt deja su buena vibra. Cliqueen en cada imagen para verlas king-size.

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NOCHE BUENA MAS BUENA

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He aquí una propuesta para cenar la víspera de Navidad sin recurrir al eterno expediente del pavo y el puré de manzana.

Escribe Manuel Cadenas Mujica / Fotos de Eric Dañino / Aparecido en el # 62 de la Revista "Dionisos", Diciembre 2007

Según se le mire, preparar la cena navideña puede ser un acto celebratorio o una tediosa tarea. Trabajosa siempre será, porque amén de que no ha de ser jamás un menú cualquiera, de entrecasa, son también muchos los detalles que han de conjugarse perfectos a medianoche del 24 de diciembre. Pero si a esa laboriosidad se le suma, además, la rutina insustancial, se perderá sin duda parte del encanto que tiene de por sí la Noche Buena. Por eso, en el Instituto de los Andes, nuestros aliados a la hora de imaginar nuevos horizontes para el paladar de los lectores de Dionisos, el chef y profesor Carlos Otero dispuso sobre la mesa una alternativa para la Navidad del 2007. No se dejó arrastrar por las corrientes novoandinas ni tampoco optó por sofisticaciones de la noveau cuisine, sino que más bien se remitió a los recuerdos de infancia, a los sabores de siempre, pero con ímpetus renovadores.

Tentación incomparable

“Hay que salir de lo tradicional, o dejar utilizarlo como un toque adicional. Hemos trabajado para esta ocasión el cerdo, que es delicioso, y postres diferentes: no el tradicional “cielo” o el panetón, porque podemos hacer un bizcocho de frutas o también un turrón navideño helado. Como acompañamiento haremos una especie de Charlotte salada en la que en vez de bizcotelas habrá unos cilindros de jamón rellenos. Al centro una ensalada tipo rusa pero con manzana y coco rallado. Son alternativas diferentes para no estar en lo mismo de siempre: el eterno puré de camote o manzana y el pavo”. No es que el pavo resulte algo demasiado complicado. “El problema del pavo se puede solucionar porque aunque la carne es muy seca hay formas de ablandarla y de que sea jugosa. Yo, por ejemplo, le inyecto jugo de naranja con limón y un poco de pisco, cosa que cuando salga del horno esté jugoso, sobre todo en la pechuga, que a veces no sabe a nada”. Pero el lechón resulta una tentación difícil de comparar. “El cerdo es mucho más rico, más sabroso, lo podemos hacer de mil maneras y en esta ocasión lo prepararemos medio dulce, con guindones”.

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No es una fórmula de origen definido la que propone, por si alguien está rebuscando recetarios. “Cada uno crea sus propias recetas y va adaptando recetas conocidas”. Pero se busca siempre en Navidad un toque dulzón. “En esta fiesta buscamos ese toque de la fruta unida a sabores especiados, básicamente frutas secas, por ejemplo el chanchito con guindones, la Charlotte con toque de pecanas, algo de coco rallado, manzanita, siempre el toque medio dulce”. En este caso, el trabajo no se hará sobre un lechón completo, sino con un lomo de cerdo, “¿Por qué? Porque lo voy a abrir para rellenarlo. Lo ideal es un pedazo grande para abrirlo. Normalmente el lomo de cerdo es pequeñito, así que puede ser también el corte conocido como ‘chuleta deshuesada’. Se abre y se rellena, cosa que una vez preparado, a la hora de cortarlo queda adentro lo oscuro del guindón, que es tan rico”. Debe ser, por supuesto, cerdo fresco y desgrasado con mucho cuidado.

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Los acompañantes

Cuando hablamos de un Charlotte nos referimos al clásico postre de origen francés llamado paradójicamente Charlotte Rusa. “Su característica es estar rodeado de bizcotelas. En este caso he hecho una variación salada, y en vez de bizcotelas haré unos rollitos de jamón rellenos con palmitos. Todo va cubierto con colapez, cosa que el rollito va teniendo consistencia. Formaré mi Charlotte poniendo todo al borde. A la hora de armar el plato, veremos por afuera los filitos paraditos brillantes de jamón. Al centro estará la ensalada de papa con verduritas, manzana, pecanas, coco rallado”.

Sin mirar la mesa, uno puede ver desde ya los típicos colores navideños. Ese detalle no podía escaparse. “Incluso a la hora de armar y decorar, me gusta ponerle en la punta de cada jamón un marrasquino, como si fueran velitas o algo así. Se ve muy bonito y es muy rico”. Como decíamos, trabajosa siempre será la cena navideña y la espera desespera. Por eso, la propuesta es mitigar tanta antesala con algunos piqueitos. “A veces nos pasa  que estamos con hambre y no sabemos qué picar. Entramos a la cocina y nadie se preocupa de hacer un piqueito, algo rico. Así que voy a preparar unas bolitas de almendras con queso fritas que nos ayuden a llegar a las doce. Claro, nada muy fuerte porque sabemos que nos espera una cena contundente. Son unas bolitas de queso tipo edam con almendras claras, se fríen y nos queda algo esponjoso, ligero, rico a la vez, que nos va ayudando a esperar la Noche Buena”. Sorteado este inconveniente, se pasa a la elaboración del postre. “Propongo como postre un turrón con reminiscencias más bien al turrón español tradicional de almendras, con miel de abeja y demás, pero convertido en una especie de mousse adicionado de guindones, pecanas, higos y pasas. En España se sigue comiendo el tradicional turrón navideño. Con esa idea es que creé este postre”.

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Consejos finales

¿Cómo acompañar esta cena, en qué virtuosos vinos remojar tales manjares? “Generalmente en las cenas navideñas lo más recomendable es un vino blanco. Y si fuera tinto, un vino ligero, porque generalmente tenemos mucha comida, pavo o chancho y además arroz, puré, etcétera. Se come en exceso”.

(Paréntesis aquí para seguir con las bebidas: las guarniciones clásicas no están ajenas a la preparación propuesta, asegura Carlos, “porque al peruano si no le das arroz, pierdes. Deberá ser un arrocito tipo navideño: arroz árabe, arroz con frutas, hay un sinfín de formas de prepararlo. Yo incluso tengo un arroz gracioso, muy sencillo: un arroz graneado que después lo pongo en un molde con forma de árbol navideño, pongo una capa de arroz recién preparado con un poquito de mantequilla y crema de leche, que quede más o menos blanco, luego una capa de arvejas cocidas, otra de jamón, mozarella, y cubro con otra capa de arroz; lo prenso bien y lo volteo inmediatamente. Se convierte en una especie de pastel donde el arroz no está seco; además tienes el blanco, el verde y el rojo de Navidad”). Vuelta a los vinos, Sauvignon es lo recomendable. “Y por supuesto seco, nada de vinos dulces. Si a alguien le gusta los tintos que se tome un Merlot, algo suave, no puede ser uno fuerte. Puede ser un rosado también, ahora hay mucha más libertad para la elección del vino. Además, siempre tomamos Champagne antes y después de la cena, eso ya es una tradición. Y el champancito es rico con el postre”. Sobre la alucinante tradición del chocolate caliente, Carlos no le encuentra sentido a tomarlo caliente un 24 de diciembre, con 24 ó 25 grados de temperatura ambiente. ¿Alguna opción más refrescante? “Claro, se puede perfectamente tomar un Ice Chocolate o algo así. De chico siempre me gustaba desayunar el 25 con chocolate, pero helado, lo que quedaba en la jarra en la refrigeradora, de frente a mi vaso y qué rico era. Pero yo particularmente eliminaría el chocolate: tenemos más que suficiente comida”. Las recomendaciones finales son “una bonita presentación, que sea un mantel rojo, verde, floreado, con un tema navideño. Lo importante es tener todo en orden y todo a la vez. No hay cosa peor que la persona encargada de la cena esté metida en la cocina y espere hasta la última hora para cenar. Si se tienen listas las cosas, uno se va tranquilo a festejar con los suyos. Porque esa es la parte más importante: estar con los seres queridos, pensar en el Dios que nace, algo que a veces dejamos de lado. Demos gracias a Dios por habernos dado a su Hijo y por estar con los nuestros disfrutando una cena que nos ha costado trabajo pero también una gran alegría prepararla”.

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Bravo por el Piqueo

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Cada vez que el sol toca las playas del sur llegan a manos de los veraneantes una serie de publicaciones que celebran los placeres de la estación. Invariablemente, cuando tocan temas del buen comer y beber, recurren a muchos de nuestros exitosos ex-alumnos que han instalado su talento en el balneario de Asia. En esta oportunidad, la revista "Beach Bag" nos presenta un Piqueo de Lomito de Prosciutto recomendado por Christian "Restobar" Bravo. Así que pónganse "gourmet confortables" y cliqueen en cada foto para disfrutarlas en grande.

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